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Cundo Bermúdez
El Nuevo Herald 
65 Años de Trayectoria Artística
Por: Olga Connor

El Nuevo Herald
May 19, 2002
SECTION: Galeria
EDITION: Final
PAGE: 6E
Memo:ARTES Y LETRASCUNDO BERMÚDEZ

65 AÑOS DE TRAYECTORIA ARTÍSTICA
SOURCE/CREDIT LINE: OLGA CONNOR,
Especial/El Nuevo Herald

Una esplendorosa explosión de color en cuadros de figuras inconfundibles anuncian una presencia en medio de la exposición. Es la de un hombre bajito y de rostro expresivo, de brillante trayectoria artística dentro y fuera de su país. Rodeado de familiares, amigos y colegas, en el centro de la galería Cernuda Arte, acepta un homenaje por sus 65 años de producción plástica.

Es el pintor cubano Cundo Bermúdez. ``Yo estaba en mi estudio, trabajando un poco, y me llama Nercys [Ganem, esposa y colaboradora de Ramón Cernuda], y me dice que me quieren hacer un homenaje''.

``Me gustó mucho la idea, porque siempre es muy agradable que lo reconozcan a uno'', continúa, ``pero no pensé que sería esto. Un encuentro muy emocionante para mí, no sólo de la pintura, sino también de los amigos, porque ya tengo 87 años y he dejado de ver a mucha gente''.

Entre el público, la primera noche, se encontraban el escultor Tony López, el pintor Mijares, Gay García, y muchos artistas de las promociones más recientes. Y aunque la exposición en Cernuda Arte no es una retrospectiva, sí es una reunión impresionante de 50 de sus obras, de las cuales 30 son de colecciones privadas, pero 20 están a la venta. Allí se puede ver Desnudos al mediodía, de 1945, impresionante rendición de una casa de ``damiselas'' en La Habana; Los jimaguas, de 1942, muy conocida; Tres músicos, de 1954; Mediodía en la playa, de 1953, un monocromo en tonos de sol, y La señora ante el espejo, de 1950, entre muchos óleos en tela y gouaches en papel, que ha sido uno de sus medios favoritos.
``No creas que a los coleccionistas les gusta prestar los cuadros'', comenta Cundo, ``uno se acostumbra a vivir con un cuadro, es como un amigo, un compañero''.

La exposición muestra cambios en el tiempo, pero una constante, que es poner a la figura humana como central en todas las obras. ``No puedo explicar los cambios. Casualmente, tengo un lienzo dibujado hace tres años: tenía unas figuras, unas formas, pero uno va cambiando sin darse cuenta, no podría trabajar ahora el óleo sobre esos dibujos que hice hace tanto tiempo.

Pero no creo que sea debido a cosas materiales importantes, ni conscientes, es que me he dejado llevar siempre por mis sentimientos''. Los rostros de muchas de sus figuras parecen autorretratos estilizados de cuando era joven, con narices prominentes y bocas pequeñas, en rostros triangulares, lo mismo en hombres que en mujeres, y que guardan cierto parecido con las caricaturas que de él hicieron David y Massaguer en la revista Social, de los años 30.

Pero también ha hecho retratos fidedignos de sus amigos, como los de Heriberto Leret, Enrique Labrador Ruiz, María Sardiñas y Julia Rodríguez Tomeu, Fina y Bella García Marruz, Luisita Caballero y muchos más, demostrando que es buen retratista, con influencias de los muralistas mexicanos, a quienes conoció en 1938.

``Al principio tuve influencia mexicana, porque en el 38 estuve un año en México dibujando, con [Alfredo] Lozano y Mariano, que también tenían esa influencia. Podrá uno después discrepar con ellos, pero tenían a técnicos como [David Alvaro] Siqueiros, y es una lástima que Diego Rivera, que era un pintor cubista formidable, se pusiera a hacer luego una cantidad de retratos de norteamericanos.

Es una opinión muy personal. Me impresionaron también mucho las cosas de [Rufino] Tamayo''. Recuerda con cariño a su grupo de La Habana de aquel tiempo, algunos de los cuales participaron en la revista Orígenes, pero, aunque les hizo algunas portadas, no se identificó con ellos.

``Lozano, a quien conozco desde el 32, sí pertenecía al grupo de Orígenes; yo era un poquito más de la tierra y ellos eran una gente muy culta, yo no era tan afín a la cultura.

Veía a [José] Lezama Lima, lo saludaba en el museo o en un restaurante por La Habana Vieja: para él la comida era un rito.... como para [Gastón] Baquero, eran personas que sabían unir los alimentos a las emociones''. Recuerda muchas cosas de aquel tiempo, pero dice que no era tan gregario.

``Yo no andaba en grupo, sino más bien con [Mario] Carreño, éramos más mundanos, más joviales, menos místicos.... más apegados a la tierra, aunque respetábamos a los intelectuales''. María Luisa Gómez Mena, que fue esposa de Carreño, tenía una galería en La Habana que acogía a los artistas de vanguardia y que luego fueron mostrados en una exposición de pintura cubana en el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York, en 1944, donde quedaron como parte de la colección permanente cuadros de Cundo, entre ellos, uno que demuestra su interés por lo cotidiano: La barbería.

``María Luisa, sobrina de la Condesa de Revilla Camargo, era una mecenas a la que hay que reivindicar, muy apegada al arte y a la literatura. Se casó con Carreño y fue amiga de Alejo Carpentier y de Manolo Altolaguirre, el poeta más joven de la Generación del 27 en España'', anota Cundo.

``Aunque en el MOMA no estuvieron ni Abela ni Gattorno, sí estaban Amelia Peláez, Portocarrero, Carreño, Mariano, pero no fue Lam, porque no quiso ir''. De Lam habla muy bien Cundo. ``Era una figura aparte. Se unió a los surrealistas, aunque hubiera sido buen pintor por sí mismo. Es curioso el cambio que sufrió cuando se trasladó de España a Francia, en España, realizaba pinturas de pueblo, con casas, con tejitas.

El color lo descubre cuando regresa a Cuba y pasa por Haití, y allí descubrió la selva. En París, tuvo un poquito de parecido a Picasso''. Pero no niega que le influyó Picasso a él también. ``Fue impuesto inconscientemente, Picasso fue un genio y fue imposible no tener un salpicado de Picasso''. Esto se puede ver en esa Muchacha en rosa, de 1942, que es parte de la exposición y tiene obvia relación con el cubismo.

``Me vinculo con el cubismo, sobre todo, el que se desprende de Cezanne, de Mattisse y Braque; pero el surrealismo no me atrae, soy demasiado de la tierra, de la semana, del domingo, soy muy municipal, muy de barrio''. Los dibujos de Cundo son muy elaborados, con detalles sobre las puertas, en los medios puntos, en los floreros, en las alfombras, en las ropas, en los pisos, en las rejas negras, que recuerdan todo un estilo muy cubano. Aunque se destaca, sobre todo, por el colorido, brillante hasta en los pasteles.

``Siempre he sido muy antillano, pegado al mar....'', subraya. Y fue una de las razones por las que escogió vivir su exilio mayormente en Puerto Rico. ``Las cosas grises no me gustan. Será el sol lo que busco. Fui a Puerto Rico por dos meses, y entonces me dije `esto es una parte de Cuba que no conozco', y me quedé. Además, allí estaban López Dirube y Lozano''.

A Cundo, que ha viajado mucho, nunca se le ocurrió vivir en París. ``Fui a París como turista'', cuenta el artista, ``cuando logré dos meses de vacaciones en el Ministerio de Hacienda, donde yo siempre trabajaba. Salí el 6 de marzo del 52 en un barco, y en pleno marzo, entró Batista, y me dije `cuando revisen los papeles, verán que soy un botellero [a sueldo sin contenido de trabajo]', así que me quedé seis meses''. ``Pero la que me atrajo para vivir un tiempo fue Roma, que me dio una sensación de paz y de tranquilidad'', subraya, ``París tiene demasiados museos, demasiada pintura''.

Viajaba con actitud bohemia. ``Ponía mis maletas en la misma estación, y salía a buscar un hotelito cerca. Era la cosa de la juventud, esa fuerza de la inconciencia''. De los artistas cubanos de estas generaciones nuevas dice que ``son bien preparados, y con buena técnica, pero no sé, hay un poco de confusión, he visto algunos muy buenos que tienen una personalidad, una cosa que decir y la dicen bien.... Bedia me interesa mucho''. ¿Y por qué Cundo Bermúdez escogió la figuración en vez de la abstracción?

``Para mí siempre fue la figuración, pero hay magníficos abstractos, y pienso que no hay diferencia. Esencialmente, me gusta lo bueno''.

olconnor@bellsouth.net
Illustration:ILLUSTRATION: Foto color:Cundo Bermúdez ante una de sus obras (A), `Desnudos al mediodía' (N), `La bella Otero con abanico' (N), Detalle de `Arlequín de Buenavista' (N).

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