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Eduardo Abela
Art Cuba 1950
Cubanidad y Criollismo en Abela
Ramón Güirao

Cubanidad y criollismo en Abela

Quien contempla las telas de Abela de finales de los años ´30, sabe que se encuentra irremediablemente, por esa rara virtud del pintor para fijar la íntima asociación de lo objetivo y subjetivo del material utilizado, ante una pintura criollísima y que se interna un poco también en la entraña viva de la cubanidad misma.

La labor principal, a nuestro juicio, de esta generación de pintores radica, más que en sus balbuceos por expresar la sensibilidad criolla, en plantearse con sinceridad y descarno el conflicto, en afrontar la responsabilidad con toda la desnudez y transcendencia que tiene.

Cuando apareció el negrismo, muchos de nuestros artistas creyeron que al fin acercándose al negro y situándolo en un paisaje de sabor antillano, llegarían a lo medular, el hallazgo definitivo de la más decantada esencia criolla. Se vio después que el negro era demasiado universal para que fuera el punto de gravitación del alma cubana. Era desde luego un factor importante, uno de los términos de la cubanidad, un fragmento rico de color del criollismo integral. Ya esclarecido este punto los jóvenes pintores de Cuba se orientaron hacia el criollismo.

Abela es entre los primeros, el pintor que se desplazó geográficamente para ofrecernos así una perspectiva más exacta de nuestro naciente fenómeno plástico. Desde Europa predijo el peligro de mirar el fresquismo mexicano como índice y derrotero de la pintura americana en general. Sucedió en Cuba, que los pintores se formaban en Europa, sin percartarse que la pintura francesa era también el resultado de una dramática revuelta.

Se justifica así la apremiante necesidad de rebasar un peligroso estado de sensibilidad, de romper con todo antecedente y complicidad que imposibilitaban la formación de una nueva conciencia en la pintura.

Abela fue espectador alerta de esta ansiedad, este flamante orden estético. Pintó entonces desde lejos esas justas impresiones de nuestros campos, de "tierra adentro". Expuso en las mejores galerías de París conjuntamente con Pascini, Vlaminck, Picasso, Matisse, Kissling, Dufy, Severini, Derain, Chirico y otros capitanes de grandes aventuras.

Desde este momento, como una necesidad de buscarse a sí mismo, comienza Abela a observar de cerca lo criollo, que adquiere en su obra la más notable resonancia, su más complejo y sencillo lirismo, su más definitiva voz. Llevar el aporte criollo a la categoría que lo señala Abela es de tan digna ejemplaridad, que únicamente renunciando a todo lo externo y adjetivo, a todos los elementos que no responden a este puro deseo, puede alcanzarse. Es un creador de ámbitos poéticos, y puede hacernos sentir en toda su intensidad lo poético de la vida campesina. En fin, esa dimensión humana que debe tener una obra de arte perdurable.

Ramón Güirao,Art Cuba, 1950
 
 
 
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